miércoles, 4 de julio de 2007

EL ESCUPITAJO. Dmp1

Perdón por la guarrada. Pero eso mismo pienso yo: que es una guarrada. Y, sin embargo, se está convirtiendo en un deporte nacional. Jóvenes y no tan jóvenes lo practican por igual, con una asiduidad que puede poner en peligro la salubridad de nuestras ciudades.

Es frecuente pasear por la calle y, de tanto en tanto, tener que dar un pequeño saltito o girar hacia alguno de los lados, porque algún mozalbete escupe justo delante de ti, cortándote el camino a golpe de saliva. Porque, por mucho que uno crea que no le van a dar, alguna vez le dan. Como a mí. El otro día. En el zapato.

Sospecho que también de esta costumbre antiestética e insalubre tiene la culpa la televisión. Tal vez son las retransmisiones futbolísticas las que la han popularizado. Las cámaras nos ofrecen un primer plano de algún jugador y, justo en ese momento, el jugador escupe sin importarle que, tal vez, nosotros estemos cenando.

En defensa del jugador, diremos que él no es una estrella de la pequeña pantalla. Él está realizando un esfuerzo físico considerable y, además, no sabe en qué momento el realizador decidirá ofrecernos un primer plano de su rostro.

Pero los jóvenes que lo ven no se hacen tal reflexión y ya que no pueden imitar a sus ídolos en los remates, se ve que los emulan en el escupitajo.

Uno ve gente escupiendo a todas horas y en todos los lugares. Incluso en lugares cerrados, como el andén de una estación de metro, el vestíbulo del aeropuerto o los pasillos de un centro comercial.

Siendo niños, mis hermanos y yo recorrimos junto a nuestros padres casi toda España. Una de las cosas que más gracia nos causó fue descubrir en antiguas iglesias castellanas vetustos carteles con la inscripción: “SE PROHIBE ESCUPIR EN EL SUELO”. En nuestra candidez infantil, a nosotros aquello nos parecía casi una atrocidad. “¡Escupir en el suelo de una iglesia! ¡Qué bestias!”, pensábamos entonces; “¡qué incivilizados!”.

Nos empeñamos en defender una concepción lineal del tiempo, pero, tristemente, las modas y las costumbres vuelven. Sin embargo, no creo que se me pueda acusar de candidez si digo que me molesta el escupitajo. Es una cuestión de estética y de higiene. Una cuestión de respeto. Sería triste tener que actualizar los cartelitos de las viejas iglesias castellanas y extenderlos por todos los rincones de nuestras ciudades. Además, tampoco eso nos aseguraría el éxito: hace años que está prohibido fumar en las instalaciones del metro y muchos continúan haciéndolo.

El tiempo y la sociedad avanzan, sin duda. Pero no en todo. Yo creí que cuando Nietzsche hablaba del eterno retorno se refería a otra cosa.

© Luis María Llena, 1.999

1 comentario:

Anónimo dijo...

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