lunes, 2 de junio de 2008

Prólogo a "LA VERDAD, toda la verdad y nada más que la verdad".

Desde siempre, la cuestión de la verdad ha sido muy discutida entre los seres humanos. Ya en la Grecia clásica, algunos filósofos defendían la existencia de una verdad absoluta y la posibilidad humana de conocerla (Sócrates, Platón), mientras otros (los sofistas) defendían el relativismo, según el cual no hay verdades absolutas, toda verdad es relativa. Entonces, los oponentes a los sofistas se preguntaban si esa afirmación de que toda verdad es relativa, era, a su vez, una verdad relativa o más bien absoluta. Se llegaba así a un círculo vicioso de difícil escapatoria. O sea, ¡un lío!

Lejos de solucionarse, este asunto se ha hecho hoy más complejo. En nuestra época hallamos entre nosotros fanáticos que creen en la existencia de una verdad única que ellos han conocido y tienen la obligación de imponer a los demás por cualquier medio (incluso violento) y, por otro lado, quienes viven afincados en el relativismo más absoluto y creen que no hay nada cierto, que depende, todo depende...

En este embrollo, los medios de comunicación no contribuyen a aclararnos. Todos sabemos que una misma verdad puede ser presentada de modo muy diferente por un periódico u otro, por una emisora de radio u otra, por una televisión u otra.

Al mismo tiempo, el ser humano tiene la capacidad de imaginar y crear ficción. Pero antes, esta ficción se transmitía por narración oral o representada sobre un escenario y, más tarde, escrita sobre el papel. Sin embargo hoy, el cine y la televisión son formatos en los que esta ficción se nos presenta con un gran realismo, tan grande que, por ejemplo, dicen algunos psicólogos que ya existen niños que no diferencian los muertos del Telediario de los de una película o una serie de televisión. ¡Terrible!

Y aún queda otra cuestión harto complicada: a menudo, aquello que nos parece más verdadero es lo que captamos a través de nuestros sentidos; sin embargo, todos hemos experimentado en alguna ocasión que nuestros sentidos nos han engañado. A veces, no podemos fiarnos ni de lo que vemos. Ya Descartes advertía de la dificultad de distinguir el sueño de la vigilia. ¡Y eso que él no conoció la realidad virtual!

La presente obra pretende hacernos reflexionar sobre algunos aspectos de la verdad. Pero no se asusten, no se trata de un tratado de filosofía, sino de una comedia; en ella no aparecerá ninguno de los filósofos citados y sí, en cambio, una realidad muy presente en nuestros días: la de aquellos que viven del cuento y nos hacen creer que son reales historias que sólo han inventado para aparecer en los medios de comunicación y enriquecerse. Algo que nos ayudará a reír al tiempo que reflexionamos sobre la verdad.

Cuando Jesús de Nazaret afirmó ante Poncio Pilatos que pretendía dar testimonio de la verdad, el procurador romano le contestó, yo imagino que con cierta ironía: “¿Y qué es la verdad?”

Pues eso.

Luis María Llena León.
Benabarre (Huesca), julio 2007.

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