jueves, 9 de septiembre de 2004

"¡PROFE, me estás tocando las narices!"

ISBN: 84-96084-61-2
Formato: 13X21
Páginas: 110
Precio: 12,70 €
Edición: Ediciones STJ. Barcelona, 2004


Este libro trata el complicado tema de la educación acercándose de forma sencilla, pero muy valiosa, a un conjunto de situaciones vividas y habladas sobre el hecho de educar y amar a los jóvenes adolescentes. El autor, además, lo ha hecho imprimiendo al tema un toque filosófico.



El relato que tienes ante ti está narrado en primera persona para hacerlo un poco más personal y más directo, pero yo no soy auténticamente ese narrador pluscuamperfecto, ni ninguno de los personajes. O tal vez, mejor dicho, no soy únicamente ese narrador, sino que soy un poco cada uno de los personajes. Por ejemplo: en mi escuela soy profesor de Filosofía, pero también de Historia; por eso quise que, en la discusión narrada en la segunda parte de este libro, se enfrentaran esos dos profesores, el de Filosofía y el de Historia, para dejar claro que no retrato a nadie: ambos soy yo. Ambos somos todos, al menos en ocasiones. Así, pues, no podemos entender este relato como una película de buenos y malos, al estilo del cine made in Hollywood.



Sin embargo, sí me he permitido imitar al cine americano en el happy end. He querido que fuera un final feliz, para dejar un buen sabor de boca en el lector. Pero se trata de un final absolutamente posible y real, un final que no me he inventado. Cuando lo leas, sabrás que no te miento, porque tú ya habrás vivido ese final en alguna ocasión. Te lo repito: he escrito estas páginas con mis mejores deseos para ti, que te dedicas a la educación de las nuevas generaciones. Si, a pesar de ello, en algún momento te provocan un cierto malestar, creo que esa incomodidad puede tener una lectura positiva: significa, cuanto menos, que en ti existen las ganas de hacerlo bien, de mejorar cada día. El profesional que está negativamente acomodado en su tarea, ni siquiera se sentiría interpelado por estos textos; probablemente, ni siquiera se molestaría en leerlos, convencido de que nada tiene que aprender.



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