viernes, 26 de octubre de 2007

EL TIEMPO EN SEVILLA o la irresponsabilidad ante el cambio climático. Dmp4.

En nuestros días vivimos un sobrevaloración de la ciencia hasta tal punto que aceptamos acríticamente todo aquello que tiene visos de ser científico. Los publicistas lo saben muy bien: si quieren dar prestigio a un producto, basta con que aseguren que está “científicamente probado”.

Una de las finalidades de la filosofía en el mundo actual es mantener el espíritu crítico, también ante la ciencia, para que nunca deje de estar al servicio del ser humano y de ser realmente humana. Esto enseño a mis alumnos y, por ello, no me parece mal que alguien pueda poner un interrogante a alguna “verdad científica” que resulta políticamente correcto defender. Ser crítico exige, a menudo, no ser políticamente correcto.

Pero también enseño a mis alumnos que deben saber argumentar, exponer razones para defender una u otra tesis. Y les corrijo cuando su gran argumento es: “lo ha dicho la tele”, “lo he leído en internet”, o razones semejantes... Por eso me parece lamentable las razones esgrimidas por el señor Rajoy al hablar sobre el cambio climático, recuperando el medieval argumento de autoridad: “lo ha dicho mi primo”.

Lo que el pariente (al parecer, catedrático de Física) dijo es que si ningún científico pudo asegurarle plenamente el tiempo que iba a hacer al día siguiente en Sevilla,
“¿cómo alguien puede decir lo que va a pasar en el mundo dentro de 300 años?”
El argumento me parece flojo, pero, sobre todo, me parece floja la actitud, máxime cuando se trata de alguien que aspira a presidir el gobierno de España. Sé que días después (ante el aluvión de críticas) matizó sus palabras, pero debería haberlas matizado desde el inicio. Sobre todo, porque alguien que aspira a gobernar no puede (y no debe, a mi entender) menospreciar la cuestión del cambio climático. Es cierto que nadie puede asegurarnos con absoluta certeza qué ocurrirá dentro de 300 años, pero también lo es que si no cuidamos el medio ambiente y el planeta, todos peligramos de algún modo. Y bromitas como la de Rajoy no contribuyen a concienciar sobre este asunto.

No ignoro que se trata de política, o mejor, de lo que se entiende por política en nuestro país: ser ecologista es ser de izquierdas y, por tanto, un partido de derechas tiene que marcar distancias. Además, hay quien se ha posicionado frente al señor Al Gore, reciente premio Nobel de la paz, acusándole de haber descubierto un filón económico en estos asuntos. Y éstos son de derechas porque Al Gore en EE.UU. es la izquierda (recordemos que fue rival de Bush en las elecciones).

Pero el cambio climático y la conservación del planeta debiera preocupar a todo ciudadano, a todo hombre de bien. Y mucho más a todo candidato a presidente del gobierno. No sabemos qué pasará a ciencia cierta, pero sabemos que no será nada bueno si seguimos agrediendo impunemente a nuestra Tierra. Con esto debería bastar para no bromear con el asunto.

Por cierto, dicen que mañana en Sevilla lucirá el sol.

Barcelona, 26 de octubre de 2007.

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