lunes, 26 de octubre de 2009

EL PRESTIGIO DE LOS ONDAS. Dmp28.

EL PRESTIGIO DE LOS ONDAS.

Durante algunos días he dudado sobre si dedicar mi columna a los Premios Ondas. A veces, me asalta la sensación de que, si lo hago, sólo consigo dar mayor relevancia todavía a algo que, en mi opinión, no debería tenerla; pero, también soy consciente de que, si no fuera por las voces que se levantan en contra, podría parecer que a todos agrada o que todo el mundo comparte determinadas concesiones.

Me sorprende la concesión del premio al mejor presentador a Jorge Javier Vázquez, por su labor al frente de un programa titulado Sálvame. Tengo entendido que el jurado ha querido dejar claro que lo que se premia es la labor del presentador y no el programa, pero eso me parece una falacia. ¿Cómo puede premiarse a un profesional, precisamente por su labor profesional, desligando ese premio de su obra o servicio? Si se premia a un arquitecto, se le premiará por sus construcciones y a un pintor por sus cuadros.

Dicho claramente: los programas que acostumbra a presentar Jorge Javier Vázquez son aquellos que, en mi opinión, empobrecen el panorama audiovisual de nuestro país, y por esta razón me sorprende el galardón. Me sorprende incluso sin tener en cuenta que su programa se emite en lo que se ha dado en llamar horario protegido (una hipocresía de las cadenas). Se trata de un programa de chismorreo, donde el griterío, el batiburrillo, el insulto, las actitudes barriobajeras e, incluso en alguna ocasión, la violencia son los protagonistas. Todo un ejemplo para las nuevas generaciones. Lo siento, pero por mucho que los llamen programas de entretenimiento, creo que existen otros modos más loables de entretener al personal y me duele que no hayan sido premiados.

Entre mis amigos existen defensores de Jorge Javier (lo que me hace pensar que, tal vez, en el país son legión). Algunos dicen que se merece este premio, porque el pobrecito lo pasó muy mal cuando acabó el Tomate, su anterior programa. Y yo no puedo evitar pensar que, muy probablemente, no lo pasaría peor que lo pasaron aquellos que sistemáticamente fueron víctimas de aquel programa. Alguna vez lo vi y me pareció que lo que se hacía con algunos personajes famosos era inhumano y atentaba a la dignidad de las personas. No me sirve la excusa de que se lo merecían: ciertos derechos se poseen por el hecho de ser humano, no por los méritos de la conducta de cada uno.

Aunque no conozco bien la historia, sé que, tras el Tomate, un programa de otra cadena ofreció imágenes comprometidas de Jorge Javier y entonces su cadena, Telecinco, le ofreció espacio en horario de máxima audiencia para defender llorando su derecho a la intimidad y acusar de homofobia a los que habían emitido aquel reportaje… ¡Vamos, hombre! La humillación de unos es derecho a la información mientras que la de otros es considerada extorsión y atentado contra la intimidad. Depende, claro, de en qué lado se encuentran algunos en cada momento.

Supongo que Jorge Javier pensará que esta concesión le prestigia. Con todo respeto, yo creo que, en realidad, desprestigia al propio premio. No estaría nada mal que algunos buenos profesionales que lo han recibido en años anteriores tuvieran ahora la vergüenza torera (ya saben a qué me refiero) de devolverlo.

© Luis María Llena.
Barcelona, octubre de 2009.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Luis, soy Ariana Caballero (exalumna) me gustaría que elaboraras un artículo sobre qué piensas que es la democracia y si te parece que España vive en plena democracia.
Me ayudarías con un trabajo para la uni. Espero que vaya bien este año, y que no te lleves tantas decepciones como tutor.