lunes, 25 de enero de 2010

CIUDAD DE PLAYA, JUEGOS DE INVIERNO. Dmp41.

Hace unos días, el alcalde de Barcelona nos sorprendió con una noticia que, a la mañana siguiente, los grandes periódicos recogieron en primera página: Barcelona presentaría su candidatura a organizar los Juegos Olímpicos de invierno del año 2022.

La primera reacción fue la sorpresa. Sorpresa en su propio grupo político y en el consistorio que él preside. Y no puedo evitar preguntarme: ¿acaso una decisión de esta envergadura no se consensúa; no se consulta, al menos? Parece ser que no, a juzgar por reacciones como la del alcalde de Zaragoza (también socialista) o de algún miembro de ERC (partido que, en teoría, “gobierna” en Barcelona).

La segunda reacción fue el sentimiento de ridículo. Imagino a los comités olímpicos de aquellos países a los que, por geografía, nunca se les ocurriría optar a organizar unos Juegos Olímpicos de verano, pero sí unos de invierno: porque tienen el clima apropiado, las instalaciones apropiadas y la afición apropiada. ¿Qué sonrisa habrán esbozado al oír el anuncio de que una ciudad mediterránea, una ciudad de playa y sol, quiere competir con ellos?

La tercera reacción ya tenía que ver con la política. ¿Qué concepto de Estado tienen nuestros políticos cuando un alcalde, “sin encomendarse ni a Dios ni al diablo”, sin consensuar ni tan solo con su propio partido, hace una propuesta de este tipo sabiendo que en ese mismo Estado, llamado España, ya hay una candidatura a organizar los Juegos Olímpicos de verano (Madrid) y otra a organizar los Juegos Olímpicos de invierno (Jaca-Zaragoza)? ¿Acaso creen que el Comité Olímpico Internacional no tiene más países entre los que optar? “No tengo que pedir permiso a Jaca”, declaró el alcalde. Desde luego, pedir permiso no, pero yo creía que este alcalde era defensor del diálogo y del consenso. Es evidente que no: el único consenso posible es el que pasa por darle la razón.

Otra reflexión política: Si Cataluña hubiera de acoger unos Juegos Olímpicos de invierno, ¿tiene que ser Barcelona, una ciudad de playa, quien los acoja? ¿No hay más ciudades en este lugar del mundo? Porque es muy fácil pasarse la vida quejándose del centralismo de Madrid pero luego imponer siempre el centralismo de Barcelona, como si más allá de la Ciudad Condal no hubiera Cataluña. Se nos dirá que Barcelona tiene ya un nombre, una “marca” en el mercado internacional. Así es y, como habitante de Barcelona, eso me enorgullece. Pero propuestas como ésta sólo van en detrimento de la “marca”.

A mi entender, este asunto puede interpretarse como el paradigma de la clase política española cuyos dos grandes objetivos son:

1/ Frente a los problemas reales de los ciudadanos y, ante la falta de iniciativas y de soluciones, maniobras de distracción. No de otro modo puedo interpretar este despropósito. Ya lo habían inventado los romanos: “panem et circenses”, o sea, “pan y circo”. Sólo que ahora, como el pan escasea (cuatro millones de parados) nuestros políticos ponen el acento, como nunca, en el circo: circo, circo, mucho circo.

2/ Lo importante es pasar a la historia. Lo importante para un político es que se le recuerde por algún elemento grandioso pero puntual, como la organización de unos Juegos Olímpicos. (Lo importante para el actual alcalde de Barcelona es substituir a Maragall en el imaginario colectivo). Pasar a la historia. Y mantenerse en el poder: las encuestas no son muy favorables al actual alcalde de Barcelona que, si pierde las próximas elecciones, pasará a la historia, sí, por ser el primero en perder la alcaldía de Barcelona para los socialistas.

Sin quererlo, el alcalde de Barcelona se ha retratado y ha retratado a una gran parte de la clase política. A pesar de todo, entiendo que los organizadores de los Juegos Jaca-Zaragoza y los de algún otro país (incluso escandinavo) sientan una cierta inseguridad: llegado el caso, hasta podría ser posible (acépteseme la redundancia) que el COI concediera los Juegos Olímpicos de invierno a Barcelona. Otras más gordas se han visto…

© Luis María Llena.
Barcelona, enero 2010.

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