lunes, 1 de febrero de 2010

DEMASIADAS LEYES, DEMASIADAS PROHIBICIONES. Dmp42.

El famoso filósofo René Descartes (1596-1650), se propuso hallar un método para la filosofía, para que ésta pudiera avanzar tan rápido y tan seguramente como, a su juicio, lo hacía la ciencia. Quiso además (y esto es lo que hoy me interesa) que su método fuera breve y sencillo, con pocas reglas, sabedor de que, cuando éstas son muchas, suelen incumplirse. En su Discurso del método, lo dijo así: “Como la multitud de leyes a menudo procura excusa a los vicios, de tal manera que un Estado está mejor regido cuando tiene pocas pero son estrictísimamente observadas; así, en lugar del gran número de preceptos de que consta la lógica, pensé que tendría suficiente con los cuatro siguientes”.
Es el ejemplo que propone Descartes el que yo quisiera comentar hoy, porque tengo para mí que en España padecemos una especie de fiebre reguladora y legisladora que no se corresponde, después, con el celo necesario para cumplir y hacer cumplir la ley. Simplemente, pondré dos ejemplos que, a mi entender, corroboran lo que estoy diciendo.

El primero es la legalización de las drogas, al menos de las llamadas “drogas blandas”. En nuestro país nunca se ha querido afrontar un debate serio sobre esta cuestión y, por tanto, las drogas están prohibidas. Sin embargo, cada vez es más habitual presenciar el consumo de drogas (de porros, por ejemplo) en parques y jardines o en las mismas calles de la ciudad. Y no son sólo adolescentes o jovencitos quienes los fuman. Esto sin entrar a comentar cuanto ocurre por la noche en la mayoría de las discotecas. Las drogas están al alcance de cualquiera, no hay que visitar suburbios ni ambientes marginales. En la práctica, las drogas se pueden comprar y consumir con total impunidad. ¿No es éste un ejercicio de hipocresía colectiva?

Segundo ejemplo. El gobierno consensuó con las cadenas de televisión un código de autorregulación para la protección de la infancia. Según ese pacto, ciertos contenidos no podían emitirse a determinadas horas. Anunciaron la firma a bombo y platillo. ¿Alguien se preocupa de su cumplimiento? ¿Alguien se ocupa, al menos? Es evidente que no. Ni siquiera en el horario de máxima protección, que va de 5 a 8 de la tarde. En esa franja horaria, prácticamente no existe la programación infantil en las cadenas generalistas. Se ve que no les resulta rentable. No sólo eso, sino que, además, algunas emiten programas que, a mi juicio, incluso son dudosamente recomendables para adultos. En ellos, cuando se alude al código de autorregulación, se hace de modo jocoso y burlón: “No lo digas, no lo digas, que estamos en horario protegido”, y todos ríen la gracia. Algunas cadenas se defienden ahora diciendo que, si el horario protegido va de 6 de la mañana a 10 de la noche, es imposible no saltarse ese código. Muy bien, pero, entonces, ¿por qué lo firmaron? ¿No es éste otro ejercicio de hipocresía colectiva?

Sin duda, hay muchos más ejemplos. Te invito, amigo lector, a sugerirme alguno dejándome tu comentario. En el fondo, Descartes tenía razón: nuestro país estaría mejor regido si tuviera menos leyes pero fueran estrictamente observadas.
© Luis María Llena.
Barcelona, febrero 2010.

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