lunes, 1 de noviembre de 2010

LA VISITA DEL PAPA. Dmp57.

LA VISITA DEL PAPA


Soy católico. Y, como tal, respeto la autoridad del Romano Pontífice. Incluso, valoro la utilidad práctica de esta autoridad en la conservación de la fe. Este verano, viendo la serie Los Tudor, fue una de las reflexiones que me hice al ver cómo en Inglaterra los artículos de la fe quedaban sometidos a los caprichos de Enrique VIII. En la tradición católica, estos artículos brotan de una triple autoridad: la Escritura, la Jerarquía y la Tradición. Es decir: los artículos de la fe brotan de la Sagrada Escritura, interpretada por la Jerarquía a la luz de la Tradición. Un Papa, por muy Papa que sea, no puede sacarse de la manga una interpretación contraria a la Tradición de la Iglesia.


Aunque valoro la figura papal, no experimento una especial alegría por la visita del Papa a Barcelona y no asistiré en directo a los actos para los que acabo de ver, en el matutino paseo con Polca, que ya se están preparando los alrededores de la Sagrada Familia. Probablemente, lo veré por televisión.


Dicho esto, quiero valorar esta visita ante las múltiples críticas que está recibiendo (algunas de ellas, no exentas de hipocresía).


Entiendo que es un honor para Barcelona que el Santo Padre venga a nuestra ciudad a consagrar la iglesia de la Sagrada Familia. Cualquier ciudad del mundo occidental viviría esa visita como un privilegio.


Creo que la consagración de esa iglesia por el Papa pone en evidencia su significado religioso. El templo de la Sagrada Familia es algo más que un icono turístico que representa a Barcelona como la torre Eiffel representa a París. La Sagrada Familia es un templo religioso que será dedicado al culto, porque así estaba en los deseos de su iniciador, A. Gaudí.


Sé que la visita papal tiene un coste económico y, es verdad, que va a correr con él el arzobispado de Barcelona que, en ocasiones, se siente incapaz de sostener determinadas obras sociales. Pero también es cierto que el coste de esta visita es casi ridículo si se compara con el de las visitas de otras autoridades. Es verdad que puede causar algunas incomodidades al ciudadano, como lo es que hay ciudadanos que están intentando hacer negocio (con el alquiler de balcones, por ejemplo). ¿Ya nadie recuerda lo que fue este verano la visita de la señora Obama, que ni siquiera es Jefe de Estado, sino simplemente consorte de un Jefe de Estado? ¿Ya nadie recuerda, por ejemplo, que la Alhambra de Granada se cerró al público durante un día para que la pudieran visitar la señora Obama y su séquito?


Finalmente, se están haciendo diferentes convocatorias para manifestarse ante el Papa y contra él, por algunas de sus opiniones, en materia sexual por ejemplo. Es legítimo y eso demuestra que vivimos en una democracia. Pero me sorprende que algunas de esas convocatorias sean jaleadas por concejales del Ayuntamiento de Barcelona que forman parte del equipo de gobierno (no de la oposición); un gobierno que, al menos oficialmente, valora la visita del Papa. Creo que en Cataluña hay partidos políticos que quieren seguir manteniendo estrategias de oposición sin renunciar a la silla y al cargo, lo cual me parece denunciable como hipocresía.


El alcalde se Barcelona ha publicado una carta de bienvenida a Benedicto XVI, en la que, entre otras cosas, al hablar de la historia de la ciudad, reconoce que se trata de “Una historia que nadie podría entender sin la aportación fundamental que la Iglesia católica y todos aquellos que profesan la religión católica han hecho y hacen a nuestra manera de ser colectiva y a los valores que hoy propugnamos”.

Creo que esa debe ser la actitud, más allá de las creencias que cada uno pueda profesar.

Luis María Llena.
Barcelona, 1 de noviembre de 2010.

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