sábado, 24 de septiembre de 2011

LA ESCUELA FRENTE AL MUNDO. Dmp66.

Reza un proverbio africano que “para educar a un niño hace falta la tribu entera”. En nuestra sociedad, en cambio, parece en ocasiones que hemos delegado en la escuela el trabajo de la educación de las nuevas generaciones y nos desentendemos de él en todos los demás ámbitos. A la escuela se le exige atender a la educación integral de los niños y jóvenes, como si el resto de la sociedad (empezando por las familias y acabando por la televisión, por poner tan sólo dos ejemplos) no tuviera responsabilidad alguna en esa educación. Tengo amigas que ejercen como maestras en educación infantil y en alguna ocasión han comentado que cada vez son más los niños que llegan al comedor escolar sin ninguna noción de lo que son las normas básicas (uso de los cubiertos o de la servilleta, por ejemplo); es como si los padres pensaran: ya le enseñarán en la escuela.


A la escuela se le exige atender todos los frentes: la educación sexual y la ambiental, la educación viaria y la prevención de toxicomanías, la urbanidad y el conocimiento específico de las diferentes materias… Todo ello ha de atender la escuela sin contar, muchas veces, con el apoyo y la colaboración del resto de la sociedad. Mientras la maestra enseña que debe cruzarse cuando el semáforo está en verde, la mamá se lo salta en rojo para no llegar tarde a la escuela, por ejemplo. O basta ver algún debate televisivo o parlamentario para ejemplificar aquello que los profesores decimos en clase que no debe suceder en un debate: interrupciones, insultos, griterío, no respeto del uso de la palabra…


Viene esta reflexión a cuento de lo que he vivido esta semana. Por razones que no vienen al caso he debido asistir a una vista oral ante un tribunal de justicia. Lo que vi que se toleraba en aquella sala no se lo habría permitido yo en clase a ninguno de mis alumnos: mossos d’esquadra que, mientras custodiaban al reo, daban cabezazos vencidos por el sueño o se pasaban el tiempo con su teléfono móvil enviando mensajitos o chateando (a pesar de que, a la entrada de la sala, había una orden explícita de desconectar los teléfonos móviles); letradas que masticaban chicle mientras exponían sus argumentos, magistrados ya vencidos por el Principio de Peter y actas redactadas con tantas y tan graves faltas de ortografía que, de ser un trabajo escolar, las habría devuelto para que fueran corregidas. Se alegará la premura de tiempo en la escritura, pero yo creo que, concluida la vista, podrían dedicarse diez minutos a la lectura y corrección de faltas (como "estube", por ejemplo, para que se vea que no hablo de menudencias).


Ante todo esto, no he podido evitar preguntarme qué sentido tiene exigir en la escuela lo que no se exige fuera de ella. A menudo demandamos de los jóvenes lo que los adultos no damos; a menudo, olvidamos que ha de ser la tribu entera la que eduque.


Por cierto, y ya que he criticado lo visto en la sala del tribunal, justo será decir que el trato recibido por los oficiales ha sido exquisito. Menos mal: la buena educación y la amabilidad siempre habrán de redimirnos de muchas cosas.

3 comentarios:

chema dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

m'encanta el teu article. M'hi fixaré en l'exemple i les actituds que tinc, per ajudar a educar.

Gràcies i petons,

Mercè Ventura

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo en todo lo que dice mi compañero Luis, yo también asistí a la mencionada vista pública y doy fe de ello, sentí vergüenza ajena de algunos comportamientos y de las faltas de ortografía que inundaban los escritos, como también me quito el sombrero por la amabilidad y la entrega de algunas personas. Nuestros niños tienen muy malos ejemplos y el grado de exigencia que les requerimos algunos padres chocará con lo que se encuentren en esta sociedad de las prisas y de la falta de educación. Yo no quiero para los alumnos la torta en la cara, el tirón de orejas ni el denigrante castigo contra la pared, pero los padres debemos saber que si descalificamos constantemente a sus profesores, nunca mantendrán el respeto que se merecen. También creo que existen profesionales de la docencia que deberían dedicarse a una profesión alejada de los niños y jóvenes por su incompetencia tal como señala Luis, pero para esto debe haber normas y leyes que los excluyan en caso de incumplir o traspasar la línea de su potestad.
En la tribu estamos perdiendo el norte con nuestros niños y ellos son el futuro. Yo no quiero vivir en un país de ignorantes, y maleducados. Hagamos campañas a favor de una buena educación teniendo en cuenta su extenso significado.
Cris