martes, 29 de noviembre de 2011

LA INUTILIDAD. Dmp72.

Vivimos una época eminentemente práctica que nos lleva a valorar las cosas por su utilidad inmediata. La ciencia es hoy eminentemente técnica y esta tecnocracia en que vivimos hace que muchos olviden que una ciencia formal, como la matemática, suele estar detrás de las ciencias empíricas y de los avances científicos y técnicos que nos proporcionan. Para la mayoría, lo único importante es el resultado práctico.


Ante determinadas asignaturas, mis alumnos suelen preguntar y preguntarse: ¿Y esto para qué me sirve? Lo cual, a menudo, no manifiesta más que su dificultad o su desagrado por esa materia, pues mientras unos lo preguntan de las Matemáticas, otros se lo plantean de la Filosofía o de la Lengua. Ya hace muchos años, un alumno adolescente, al conocer que yo era licenciado en Teología y también en Filosofía, me espetó: ¡Joder! ¡Sólo estudias cosas inútiles!


La utilidad es un criterio respetable, que ha permitido avanzar a la humanidad. Gracias a él, por ejemplo, enfermedades mortales en otro tiempo ya no lo son. Pero la utilidad no puede ser el único criterio y hay que reivindicar lo inútil, aquello que no suele aportar resultados prácticos inmediatos (al menos, aparentemente).


¿Para qué sirve la poesía? ¿Qué utilidad práctica tiene leerla o escribirla? Cierto que en algunas ocasiones se usó, por ejemplo, como arma política, pero no creo que haya derrocado a muchos dictadores. ¿Qué utilidad tiene la oración? Los creyentes que la practican no afrontan necesariamente menos dificultades que los demás mortales ni las superan con mayor facilidad. ¿Qué utilidad tienen la música y el arte? Uno quisiera creer que, en verdad, nos hacen mejores, pero muchos malvados han sido grandes mecenas y han llorado con un aria de Puccini.


Y, sin embargo, todas estas actividades inútiles son preciosas para el ser humano, precisamente por serlo (inútiles ellas, humano él). Ignoro si existen otros animales capaces de esas inutilidades que, sin embargo, a nosotros pueden llenarnos la vida, incluso de sentido. Hay cosas inútiles que nos resultan indispensables (algo que Ionesco decía del teatro); sin ellas, nuestra vida difícilmente sería humana; tal vez, ni siquiera sería vida. Estoy convencido de que quienes no las han descubierto, se pierden algo importante de la vida.


Afirmó Antonio Machado que “sólo el necio confunde valor y precio” y algo parecido podríamos aplicar a la utilidad. Valorarlo todo por su utilidad es propio de necios. Aunque, tal vez, lo inútil tiene una gran utilidad: ayudarnos a vivir mejor, por dentro. No nos salvará de la muerte, pero nos permitirá llegar a ella con la sensación de que valió la pena vivir.

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