lunes, 4 de agosto de 2014

ISRAEL Y PALESTINA, ENÉSIMO ASALTO. Dmp140.

Para quienes ya tenemos una cierta edad, los enfrentamientos entre israelíes y palestinos son un fenómeno recurrente que ha ido desgranando episodios durante la segunda mitad del siglo XX (o sea, desde la creación del Estado de Israel). Tristemente, este verano se ha producido la enésima versión de este conflicto que, a lo que se ve, va a extenderse también a lo largo del siglo XXI.

Es evidente que algunas cosas se hicieron mal desde el inicio, pero me sorprende que, después de más de 60 años, todavía no hayamos sido capaces de enderezarlas; como me sorprende que siempre sean los árabes quienes inicien las agresiones y quienes acaben perdiendo. Así está siendo una vez más, aunque en esta ocasión (esto empezó a ser así desde la intifada que se prolongó  de 1987 a 1993)  los israelíes están ganando la batalla de las armas pero los palestinos ganan la de la opinión pública (al menos aquí en Europa).

Después de todo el mes de junio viendo imágenes y conociendo sucesos terribles, un buen listado de preguntas me asalta.

ü  Si es de todos conocida la práctica invulnerabilidad del Estado de Israel, dotado de un complejísimo sistema o escudo antimisiles, ¿por qué alguien entre los palestinos (suponemos que Hamas) se empeña en atacarlo lanzando pequeños misiles que apenas obtienen otro resultado que el de “despertar a la fiera”? ¿Qué intereses ocultos mueven esos ataques, cuando es evidente que la posibilidad de victoria no está entre ellos?

ü  ¿Cómo es que Hamas, que reconoce entre sus propósitos fundacionales la desaparición del Estado de Israel y que es considerado un grupo terrorista por los EE.UU., la U.E. y otros países occidentales, cuenta con tanto apoyo entre la opinión pública?

ü  ¿Cómo es que siendo el Estado de Israel el único país democrático de la región, no cuenta con ese mismo apoyo y en la misma medida?

ü  ¿Cómo es que, siendo Israel un país de estructuras democráticas, comete los abusos que está cometiendo en este conflicto, por ejemplo, al atacar escuelas y otros lugares ocupados por niños y civiles en general? ¿Por qué esta reacción tan desproporcionada? ¿A qué obedece, si repugna a la razón (al menos, a mi razón), no parece ética y, además, procura antipatías y resta apoyos?

ü  ¿Por qué todos los intentos de propiciar la paz en esta región siempre acaban fracasando en el último momento? Baste recordar la Conferencia de Madrid o los Acuerdos de Oslo. ¿Qué intereses ocultos hay para que esta paz no sea real?

ü  Si un día (y ojalá así sea) los gobiernos de ambos pueblos firman la paz, ¿cómo habrá que hacer para que esa paz habite también en aquellos corazones que la violencia y el dolor tiene ahora habitados por el odio?

Podría seguir enumerando más y más preguntas de las que, sin embargo, ignoro la respuesta. Me consolaré pensando que, en Filosofía, solemos repetir que, a menudo, las preguntas son más importantes que las respuestas.

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