miércoles, 10 de agosto de 2016

MELILLA EN EL CORAZÓN

Llevo más de una semana en casa y he ido dilatando mi reflexión sobre la experiencia de Melilla, por un lado, porque estos días convivimos toda la familia (mi madre, mi hermano y mis hermanas, mi cuñado, mis sobrinos, Elena…) y es difícil encontrar un momento de silencio para reflexionar y escribir. Pero, también, porque de momento no sé añadir casi nada a la reflexión que dejé por escrito en la oración de la mañana del último día y que fue ésta:

Melilla, sábado 30 de julio de 2016.

Después de haber ido detallando las vivencias de cada día en mi blog personal, me resulta difícil resumirlo todo en unas pocas líneas.

De Melilla me llevo:
  • El ejemplo de todos estos jóvenes, limpios, transparentes, con valores, con generosidad, con alegría, con ternura… Estos jóvenes también existen, aunque no siempre con tanta visibilidad como me gustaría. Soy educador de jóvenes desde hace casi treinta años y me molesta cuando se generaliza sobre los jóvenes, normalmente en aspectos negativos: alcohol, drogas, botellón, accidentes, falta de valores…
  • El ejemplo de la comunidad RMI y la casa donde habitan, ejemplo de convivencia entre cristianos y musulmanes en favor de los más necesitados, que desearía se extendiera a toda la ciudad de Melilla y al mundo entero.
  • El grito de los pobres, especialmente de aquellos que migran en busca de oportunidades, como un aldabonazo en mi conciencia, una bofetada en el rostro de mi comodidad.
  • El deseo de hacer algo más, de extender esta experiencia a lo largo y ancho de mi vida.
  • La tristeza por esos niños tan pequeños que viven en un centro de menores. Me llevo las lágrimas desconsoladas de Richard en la despedida.
  • La preocupación por esos adolescentes del centro de la Purísima, que pasan la mayor parte del día en la calle como única escuela, sin nada que hacer.
  • La preocupación por Mohammed y por todos los que ya han cumplido la mayoría de edad y son expulsados de los centros de menores, sin recursos, obligados a malvivir.
  • La convicción de que no soy el mismo que llegó a esta ciudad.

Añado a lo que escribí entonces mi gratitud con Moha, Hamete, Yimi, Samir, Sufian, Mimi, Ali, Samira, Sherezade, Sheila... y todos los chicos y chicas musulmanes que me han enseñado otra cara del Islam, muy diferente a la que transmiten los medios de comunicación. Con algunos hemos inaugurado una verdadera amistad que espero dure muchos años.

Gracias a todos y a cada uno por haber contribuido a esta experiencia inolvidable. Alhamdulillah!


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