martes, 12 de julio de 2011

Cuarto día.

Diriamba, martes, 12 de julio de 2011.

Josep M. Calbó,
amigo y voluntario de Heura, al responder a mi primera crónica me envió una foto del famoso reloj de Diriamba. Me sorprendió, claro. Enseguida deduje que la había obtenido en internet. Y me dio por buscar Diriamba en internet. La idea que uno puede hacerse de Diriamba a través de la red no coincide exactamente con la que yo me estoy haciendo al visitarla. No es la Diriamba real. Incluso, en algún caso, en las fotografías aparecen automóviles de los años cincuenta… Por cierto, varias personas me habéis pedido que acompañe mis crónicas con alguna foto. De momento, no puedo hacerlo, porque no tengo los útiles necesarios. Pero Omar me ha asegurado que va a traerme un cable para que yo pueda volcar las fotos de la cámara al ordenador.

Esta mañana fuimos al supermercado Santiago en Jinotepe, el pueblo vecino. Después, como no teníamos ningún plan, me decidí a acompañar a Omar durante la mañana. Volvimos a Jinotepe, me enseñó la pequeña población de Dolores y, finalmente, visité con él el mercado de Diriamba. Un lugar oscuro, antiguo, de callejuelas estrechas entre los diferentes puestos destartalados. Ahí se vendía de todo, desde alimentos hasta útiles eléctricos. La carne estaba allí colgada y visitada por las moscas, junto a una zapatería donde unos jovencitos (no creo que tuvieran más de quince años) cosían calzado: no sé bien si lo remendaban o lo fabricaban. El mercado de Diriamba es un lugar lleno de vida que me ha gustado visitar, aunque creo que, si no fuera muy alta la necesidad, no sería capaz de consumir la comida que en él se vende. El mismo Omar me habla de la falta de higiene y me explica algo que me ha sorprendido: todos los nicaragüenses son desparasitados dos veces al año. El gobierno les reparte unas pastillas que deben tomar. Me ha sorprendido, digo, porque a mí me ha recordado (y lo digo con todo respeto) a Polca. Cada tres meses debo darle una pastilla para evitar parásitos intestinales. No sabía que en algunos lugares del planeta había que hacer lo mismo con los seres humanos.

También visitamos la oficina de farmacia, que es donde están los cajeros automáticos o donde se puede recargar el móvil. Me llama la atención que hay antenas de telefonía móvil por todo el país. Hay dos compañías: Claro y Movistar. Mucha gente tiene móvil e, incluso, buenos móviles (smatphones, por ejemplo). Me explica Omar que son un objeto muy buscado y que existen muchos robos y reventa de móviles. Sin embargo, no sé si después se utilizan tanto; la gente no tiene dinero para las recargas. Tal vez por eso se hacen promociones como la de hoy, en que una de las compañías triplicaba las recargas. O sea, si recargabas 100 pesos se convertían en 300.

La televisión ordinaria es televisión por cable. Me llama la atención que en casi todos los lugares hay un televisor encendido. Incluso en la farmacia. Sorprende ver míseras viviendas, casi chabolas, con su parabólica en el tejado. La parabólica cuesta 20 dólares al mes.

Por la tarde ha estado lloviendo intensamente. Continúa. Omar me explica que estamos en invierno. No es exacto: estamos en el hemisferio norte y, por tanto, estamos en verano. Sin embargo, estos meses son la época de lluvias y las temperaturas son más suaves que el resto del año, cuando son más elevadas. Por eso, para ellos es el invierno.

Mañana visitaremos Managua…

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