sábado, 16 de julio de 2011

Octavo día.



Diriamba, sábado, 16 de julio de 2011.

Pasó el día lloviendo. Imagino que algunos pensaréis que cada día hago el mismo comentario, y es cierto, pero tal vez de este modo logre transmitiros un poco la sensación que uno experimenta cuando llueve un día tras otro, y otro, y otro más… Vamos, que yo esperaba regresar a España morenito y, a este paso, volveré tan blanquito como vine.

Habíamos decidido hacer hoy una excursión para conocer León y la hicimos a pesar de la lluvia y de la dificultad para alquilar carro. Al fin, conseguimos uno por 30 dólares.

Llegamos a León tras una hora y media de viaje, más o menos, en que nos acompañó la lluvia. Cuando llegamos allí lloviznaba o, como dicen aquí, brisaba. (Esa lluvia suave que en Galicia llaman orvallo, en Navarra chirimiri y en mi tierra calabobos). Una pequeña pausa de la lluvia nos ha permitido pasear y ver la ciudad, una ciudad que tiene encanto, fue la capital de Nicaragua hasta 1858. Visitamos la catedral, la más grande de toda Centroamérica. Nos fotografiamos junto a los leones que hay en las entradas (no en vano, León es mi apellido materno). Ya en el interior, la imaginería ya me pareció más europea, los rostros no eran tan esperpénticos como a mí me resultaron los de otras iglesias. Me llamó la atención una estatua de la Santísima Trinidad (no sé si alguna vez había visto alguna). El Padre estaba junto al Hijo, sentado a su derecha, y tras ellos el Espíritu en forma de paloma.

Después, paseamos por una calle comercial hasta la iglesia de El Calvario, que tiene una fachada preciosa, bien restaurada, pero a la que no pudimos entrar, porque estaba cerrada. Algo extraño: aquí las iglesias suelen estar abiertas de par en par (abiertas por todas sus puertas) y siempre suele haber gente en ellas.

La ciudad de León me ha parecido bonita, con sus casas sencillas, de una sola planta, pero bien cuidadas, con las fachadas bien pintadas, en diferentes colores. También me han llamado la atención sus parques, pequeños pero bien cuidados. Había algunos rincones encantadores. Se veía una ciudad turística. Hemos comprado algunos souvenirs.

A la salida de León hemos parado a comer en un restaurante. La anécdota del día: Después de comer Quique ha preguntado (como siempre): ¿Tienen café expreso? El camarero se ha quedado en silencio, pensativo. ¿Tienen cafetera expreso?, ha insistido Quique. Entonces, el camarero le ha respondido: Cafetera no, pero el café ahorita se lo hacemos expreso para usted. O sea, ex profeso. Y así ha sido: americano, pero recién hecho (no recalentado); hecho expreso para nosotros. Hemos reído un rato.

En el camino de vuelta ha comenzado a llover de nuevo. Cuando nos acercábamos a Managua, la lluvia ha arreciado. Llovía a cántaros (como lo está haciendo ahora mismo, las 10 de la noche). Resulta que aquí, de vez en cuando, te encuentras enormes baches en la carretera. Quique, que conducía, ha intentado esquivar uno, pero no ha podido. Y hemos pinchado. Omar y Quique han tenido que cambiar la rueda bajo un diluvio.

Utilizada la rueda de repuesto, nos hemos detenido para arreglar la rueda pinchada, por no viajar sin rueda de repuesto, no fuera caso que volviéramos a pinchar. Entonces, nos hemos dirigido a Masaya. Una vez allí no llovía, pero era visible que la lluvia había sido abundante poco tiempo antes. La llaman la ciudad de las flores (hoy no he visto) y creo que es famosa por su mercado de artesanía. Tengo que volver a Masaya un día de sol, me ha parecido una ciudad con encanto, pero no he podido apreciarlo bien.

Finalmente, nos hemos detenido en San Marcos y, juntamente con el doctor Borrell (el cubano especialista en medicina deportiva que trabaja para la selección de Nicaragua y que es amigo de Quique) y su hija (amiga de Laura), hemos ido a cenar a La Casona, un restaurante donde ya conocen a Quique y en el que sí encuentra café expreso.

Al salir del restaurante (¡oh, mala fortuna!), nuestro coche tenía otra rueda pinchada. Otra vez con la gata (que es como aquí llaman al gato). Al menos en ese momento no llovía. Hemos decidido devolver el coche, aunque en principio pensábamos quedárnoslo también para mañana, que volveremos a Managua. Ya veremos cómo vamos.

Me voy a dormir que estoy cansadito… Hasta mañana.

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