sábado, 30 de julio de 2011

Vigesimo primer día.

Barrio Reconciliación de Diriamba.


Diriamba, viernes, 29 de julio de 2011.

Hoy ha llovido prácticamente todo el día. Más aún, ha diluviado.

Por la mañana, fuimos a comprar a Jinotepe y a Diriamba. Por la tarde, Quique decidió bajar una vez más a Managua, para que Laura pudiera jugar en las máquinas recreativas. Yo decidí quedarme. Preferiría ver otra Managua, el centro comercial ya lo tengo muy visto.

Omar también se ha quedado y le he pedido que me lleve al barrio de Reconciliación, del que ayer os hablé. Es un barrio que está bastante a las afueras y donde las calles dejan de serlo para convertirse en meros caminos de tierra. Hoy, caminos embarrados y encharcados.

Me explica Omar que, dentro de ese mismo barrio, hay dos zonas diferentes. Las dos son humildes, pero mientras en una hay, por ejemplo, casas sencillas, pero casas (allí se la hizo su hermana), en la otra zona las casas son, en realidad, chabolas de madera, de plástico o de zinc (como la de la fotografía). Tenéis que pensar que, aunque en las fotografías pueda parecer una localidad pequeña, por su aspecto rural, Diriamba tiene casi 60.000 habitantes en todo el municipio, de los cuales más de 30.000 viven en la localidad central.

Después, le he pedido a Omar que me llevara al cementerio. Sencillo, no bien arreglado del todo, con la vegetación exuberante y descuidada, me ha parecido un escaparte de la vanidad. ¡Qué empeño tiene el ser humano por destacar, aun después de la muerte! ¡Qué necesidad de ostentación! Hablando con Omar, yo me preguntaba hoy:
¿Si no hay resurrección, para qué esta ostentación? Y, si la hay, ¿para qué esta ostentación?

He recordado el programa de Radio Nacional de España No es un día cualquiera, que, durante el curso, suelo escuchar cada sábado y cada domingo por la mañana. Me he acordado de Pepa Fernández, de Nieves Concostrina y de los Pepitafios. Aquí la mayoría de los enterramientos son en tierra, tumbas o pequeños mausoleos. Algunos eran verdaderamente excesivos, construcciones que llamaban la atención. Muchos no tenían lápidas, sino la inscripción sobre el mismo cemento. El más curioso, una tumba pintada con los ositos amorosos (imagino que la tumba de unos bebés). Y en el panteón más llamativo de todos, en el más excesivo, una leyenda: Fulano de tal, que murió joven disfrazado de anciano.

Por lo demás, día de reflexión y de tranquilidad, sin nada más especial que resaltar.

Una vez más, FELICES VACACIONES a los que las disfrutáis en agosto.


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