martes, 6 de noviembre de 2012

RESPONSABILIDAD ANTE LA TRAGEDIA. Dmp83.


El puente de Todos los Santos (la noche de Halloween) acabó en tragedia. Aún impresionados por la muerte de esas jóvenes aplastadas por la multitud, surge la reflexión. Todas las voces se apresuran ahora (y desde el momento de la tragedia) a exigir responsabilidades a los organizadores de esa fiesta. Y así debe ser, si se demuestra que incumplieron la normativa y la legalidad vigentes (por ejemplo, si se demuestra que vendieron entradas en número superior al aforo o que no pusieron trabas a la entrada de menores de edad). Pero quedarse sólo en eso sería un ejercicio de hipocresía colectiva.

Hay que exigir, también, responsabilidades a las autoridades que se empeñan en actuar (antes y después) como si no conocieran la realidad de esas fiestas multitudinarias, como si de verdad creyeran que en ellas los participantes tan sólo se alimentan de música y de agua.

Hay que exigir responsabilidades a los padres de menores de edad a los que permiten salir hasta altas horas de la madrugada. Si esos padres esperan, de verdad, que sus hijos no puedan participar de eventos como ése o entrar en discotecas (pues esperan que se les pida el D.N.I. y se les impida el acceso), ¿se puede saber qué creen que van a hacer sus hijos hasta las ocho de la mañana? ¿Tal vez, sentarse en un banco del parque a comer pipas y beber Fanta?

Finalmente, hay que exigir responsabilidades a los propios jóvenes. Al final, cada uno es el conductor de su propia vida y, por ello, responsable. Si un menor de edad (y no hablo, precisamente, de niños) entra en un lugar en que no debe, la responsabilidad es de la organización que no le veta el acceso, pero también, y sobre todo, suya, pues se empeñó en entrar. La libertad es eso: todos los controles del mundo (padres, porteros de discoteca, autoridades…) no podrán impedir que tú hagas algo, si tu voluntad es hacerlo. El reto: encontrar formas de diversión más allá del exceso de alcohol y de las drogas.

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