lunes, 11 de febrero de 2013

LA CUARESMA DEL PAPA EMÉRITO. Dmp96.

Tenía ya prácticamente acabada mi reflexión de esta semana sobre la Cuaresma que comenzaremos el miércoles, cuando me ha sorprendido, como a todos, la renuncia de Benedicto XVI al Papado. Se trata de un hecho previsto en las normas de la Iglesia (el Derecho canónico), pero que sólo ha ocurrido 6 veces en más de dos mil años y la última fue en el siglo XV.

Vaya por delante que, personalmente, considero este gesto como una prueba más de la inteligencia de este hombre que es reconocido por muchos como un gran intelectual de nuestra época, aunque otros quieran negarlo simplemente por su vinculación con la religión. Yo quiero reconocerlo hoy, aunque no haya compartido siempre el pensamiento de este hombre que dirigió tanto tiempo la Congregación para la Doctrina de la Fe y de cuyas decisiones dependieron condenas a algunos teólogos a los que se obligó al silencio.

Vivimos más que nunca y alcanzamos unas edades con achaques que no permiten ejercer ciertas responsabilidades. Que el Papa haya sabido reconocer que ya no tiene la capacidad suficiente para esa tarea, es algo que lo honra en una época en la que, a menudo, la gente se agarra a sus cargos y casi nadie dimite. Que la Curia se lo haya permitido, es un acierto. El Papa Ratzinger es un hombre anciano que lleva muchos años ejerciendo cargos de elevada responsabilidad en la Iglesia. Él, como todos, merece un descanso. Le deseo que pueda vivir en paz el resto de sus días.

Este año, la Cuaresma, además de a la Pascua nos llevará a un nuevo pontificado. Ya no espero milagros, quizá porque ya llevo varios Papas en mi cuenta. Sólo espero que la Iglesia sea fiel al Evangelio más que a sus tradiciones. Bueno, tal vez sí espero milagros…



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