domingo, 2 de junio de 2013

NOCHES DE HOSPITAL. Dmp108.

(Dedicado a los alumnos de mi escuela que se preparan para ser técnicos auxiliares de enfermería o técnicos en atención a personas en situación de dependencia.)

Paso noches de hospital. Y días. Acompaño a mi madre, ingresada por una afección grave, aunque se recupera, gracias a Dios. Las horas se suceden lentamente. Muy lentamente. Comprendo lo que significa la expresión castellana "hacer una visita de médico": hacer una visita breve, rápida. Así es la visita que nos hace cada mañana la doctora a primera hora. Es una gran profesional y, además, amable y cariñosa con mi madre, pero inevitablemente sus visitas resultan cortas. El resto del día se encargan las enfermeras y, sobre todo, los y las auxiliares de enfermería. Son ellos los que, de verdad, tienen contacto con el enfermo durante todo el día. Les agradezco su profesionalidad y, sobre todo, su humanidad. En esta época de recortes, es fácil darse cuenta de que están saturados, de que haría falta más personal para ese mismo trabajo. No obstante, siempre llevan en la boca una sonrisa y algunas palabras amables y cariñosas para mi madre. Lo agradezco. Lo agradece.

Estar en un hospital nunca es grato, pero del trato recibido puede depender que la estancia no sea una tortura. Si quienes deben cuidar al enfermo olvidan su humanidad y a su trato le falta amabilidad, comprensión, empatía con el enfermo, pueden amargarle las horas, los días, la estancia en el hospital, más aún que la propia enfermedad. Trabajar con personas requiere, además de profesionalidad, calidad humana. Con todas las personas, pero, especialmente, con aquellas que se hallan en situación de debilidad, como son los enfermos y los ancianos.

Al dar las gracias desde aquí a todo el personal del Hospital Militar de Zaragoza por lo bien que tratan a mi madre, animo a todos los jóvenes que estudiáis y os preparáis para trabajar con enfermos o con personas dependientes en general, a que no olvidéis nunca esa calidad humana y, aun en vuestros peores días, acudáis siempre a trabajar con la sonrisa y la palabra cariñosa en la boca.


Cuando el dolor acucia y se ve cercana la muerte, una simple sonrisa puede librarnos de nuestros peores fantasmas, sacarnos de la tristeza y devolvernos las ganas de vivir. Ya hoy os doy las gracias por las sonrisas que ofreceréis mañana; por los buenos profesionales que seréis.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ánimo Luis María. Son momentos difíciles que, con tu gran sensibilidad y humanidad, sufrirás doblemente. Pero el saber que tu madre te necesita entero, seguro que te da fuerza para acompañarla y quererla como nunca, con tus hermanas y hermano. Que se mejore. Un admirador que le gustaría ser tu amigo...

Anónimo dijo...

Prefiero tener amigos a tener admiradores. Así que, cuando quieras, deja de ser anónimo. Gracias por tus palabras.
Luis María.