lunes, 26 de agosto de 2013

SOMOS FRÁGILES. Dmp114.

Ya Ícaro, en los tiempos de la Grecia mítica, intentó volar y fracasó, el sol deshizo la cera de sus alas. Desde entonces, el hombre sigue intentando surcar los cielos, con éxito en algunas ocasiones (ahí está la aviación) y no tanto en otras. Se ha puesto de moda el llamado "wingfly", un deporte de alto riesgo, altísimo si atendemos al número de muertos que causa anualmente. Este verano hemos sabido de la muerte practicando este deporte del español Álvaro Bultó y del británico Mark Sutton, que fue el doble de James Bond en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Esas muertes devuelven a mi mente la misma reflexión que me hice tras el accidente ferroviario del 24 de julio en Galicia, o al constatar el alto número de ahogados que ha habido este año en playas y piscinas, o cuando me sorprende la noticia (cada vez menos extraordinaria) de que alguien ha muerto por efecto de un rayo: ya nada nos da miedo.

Somos frágiles y a veces lo olvidamos. En esta época de ciencia y de técnica, no tenemos miedo a nada. Algo tiene de bueno esa actitud, si el ser humano se hubiera dejado atenazar por el miedo no habría inventado, ni progresado, ni construido, ni arriesgado... Es verdad. Pero, en ocasiones, es pura tontería desafiar a la naturaleza con deportes de riesgo o, simplemente, no previendo un posible corte de digestión. Es tontería e imprudencia confiarse demasiado cuando se pilota una avioneta o un tren de alta velocidad. Cuando yo era niño, la presencia de una tormenta eléctrica nos obligaba a desenchufar todos los electrodomésticos de casa y la antena de la televisión. Pero hay cosas que nos parecen propias del pasado y una tormenta eléctrica no nos fuerza a detener un partido de fútbol, nadie cree que un rayo pueda fulminar a uno de los jugadores. Pero a veces pasa...

Lo de Ícaro es un mito, pero la mitología aporta sus enseñanzas, aunque la humanidad se caracteriza, tristemente, por no aprender de sus errores.

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