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viernes, 31 de diciembre de 2021
viernes, 24 de diciembre de 2021
domingo, 5 de enero de 2020
martes, 31 de diciembre de 2019
domingo, 29 de diciembre de 2019
FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA
familia
Del lat. familia.
1. f. Grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas.
2. f. Conjunto de ascendientes, descendientes, colaterales y afines de un linaje.
3. f. Hijos o descendencia. Está casado, pero no tiene familia.
(Real Academia Española)
En alguna ocasión leí una entrevista a
Susan Sarandon en la que la actriz católica explicaba que se educó en un colegio de monjas.
Un día, en clase de religión, la monja explicaba que el único matrimonio
verdadero era el matrimonio católico, sólo los que se casaban por la Iglesia
estaban auténticamente casados. La niña Susan Sarandon dedujo y expuso en voz
alta que, entonces, la Virgen María y San José nunca estuvieron casados. Pero,
lejos de admirar su capacidad deductiva, la profesora y monja la expulsó de
clase.
Recuerdo
hoy esta anécdota, en el día de la Sagrada Familia, una familia no demasiado estándar
si aceptamos la tradición que describe a José bastante mayor que María y, sobre
todo, si recordamos que ella concibió a su hijo fuera del matrimonio, en el
sentido que su marido no intervino en esa concepción. Y, al ser consciente hoy
de ello, sin menoscabo de la familia tradicional, sin pretender atacarla en
modo alguno, empiezo a pensar que la Iglesia debería aceptar los diferentes
tipos de familia que hoy existen, en lugar de condenarlos y juzgarlos una amenaza
para la familia tradicional.
"Y por encima de todo, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada". (Col. 3, 14)
"Y por encima de todo, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada". (Col. 3, 14)
martes, 24 de diciembre de 2019
sábado, 5 de enero de 2019
martes, 1 de enero de 2019
martes, 25 de diciembre de 2018
lunes, 10 de diciembre de 2018
miércoles, 11 de abril de 2018
sábado, 31 de marzo de 2018
jueves, 4 de enero de 2018
domingo, 24 de diciembre de 2017
lunes, 2 de noviembre de 2015
Día de difuntos.
De mi libro: El Sol en su cenit.
De polvo y gloria.
Éste es nuestro a-de-ene.
Nuestro genoma no admite discusión:
fango del fango y, sin embargo,
un barro de altas miras,
polvo interestelar y, más allá,
perseidas de la gloria.
De polvo y gloria.
Un polvo que se esparce
en la infinita duración de aquel amor
que nos pensó un instante eternamente.
Polvo para morir
y sepultar el fango bajo tierra;
gloria, para llevar el polvo hasta la cumbre.
De polvo y gloria.
Éste es nuestro a-de-ene.
Nuestro genoma no admite discusión:
fango del fango y, sin embargo,
un barro de altas miras,
polvo interestelar y, más allá,
perseidas de la gloria.
De polvo y gloria.
Un polvo que se esparce
en la infinita duración de aquel amor
que nos pensó un instante eternamente.
Polvo para morir
y sepultar el fango bajo tierra;
gloria, para llevar el polvo hasta la cumbre.
sábado, 4 de abril de 2015
UNA PÁGINA DEL DIARIO DE MARÍA. Meditación de Sábado Santo.
Hoy es Sabath. El Sabath
más triste de cuantos he conocido y, al mismo tiempo, el Sabath más
perfecto: hoy sí que cumplo a la perfección
el precepto del descanso. Después de tanto dolor, de
tanta angustia, de tanto sin vivir, por fin
hoy mi alma descansa y, aunque sin Él, entregado ya al sepulcro, me parece
sentir su presencia y su sostén, y en esta oscuridad
de mis Dolores y de mi Soledad, siento como si la primavera quisiera brotar en mi interior, como
si una luz se vislumbrara al final de
este túnel. Y vivo la Esperanza , como si la Pascua
que celebramos
los judíos quisiera
hacerse hoy
más Pascua y más definitiva. Sí, más definitiva, aunque
lo definitivo no acepte gradaciones; pero éstos son los modos de mi Dios, que
en una Virgen hace fecundar la
Vida , “porque nada es
imposible para Dios” (Lc 1,37).
Aún recuerdo el
día de la Anunciación , cuando
el Padre me hizo comprender todo casi sin entenderlo y yo no supe sino ponerme
a su servicio, declararme su sierva para que se cumpliera en mí su voluntad.
Ésta es la bendición más grande, la felicidad completa, la bienaventuranza: no
tanto ser su Madre, cuanto oír su Palabra y actuarla (Lc 1,42.45; 8,21;
11,27-28). Y hubo Encarnación, cuando su vida comenzó a ser vida en mi interior. Y la Visitación
no fue sino la consecuencia: ponerme en camino y aprestarme a recibirlo en los
hermanos. Y proclamar, con la voz y con la acción, que Él es el Dios de los
pobres, que ensalza a los humildes, que cumple su promesa (Lc 1,46-56; 10,21;
Is 25,4-5).
La infancia no
fue infancia: fue una perpetua exposición del Santísimo. Ahí estaba Él, y al
enseñarle yo aprendía, y al darle recibía en una elevadísima progresión
geométrica. Y sin dejar de ser niño, era mi Dios. Y si se perdía y me daba un disgusto,
al tiempo me enseñaba:
"debo atender las cosas
de
mi Padre" (Lc
2, 49). Y era como si todo se reordenara en un
instante al recordar que no era para mí,
no sólo para mí, era de todos.
Y un día se
marchó, como marchan los hijos de casa de sus padres,
pero de otro modo.
No fundó otro hogar: anduvo de aquí para allá, sin guarida siquiera, que al menos los animales eso tienen. (Lc 9,
58). Y
comenzó
a elegir a sus
amigos. Era de todos.
Al principio aún
nos veíamos.
Como en aquella boda
de Caná. Recuerdo cómo tuve
que empujarle a que actuara, a
que hiciera algo. Y, al
resistirse,
él no me llamó madre,
ni mamá;
me llamó mujer (Jn 2, 4). Y entonces sentí recaer
sobre mí el peso
de todas
las mujeres y
aun de la
humanidad
entera, como si quisiera hacer de mí la nueva
Eva,
la nueva y definitiva
Madre del género humano, con
la misión de señalar: "haced
lo que Él
os diga" (Jn
2,5).
Por eso ayer, ayer sin ir más lejos, cuando su
sangre teñía ya la Tierra y el aliento le faltaba,
cuando yo apenas si me sostenía en los brazos de
Juan, me lo entregó como hijo y me regaló
como Madre (Jn 19, 25-27). Y, en medio del dolor,
un nuevo fiat, el mismo fiat, produjo esta vez un parto múltiple, pues
creo comprender
que mi maternidad
no sólo
es para Juan,
no se acaba en un nombre.
Dolores, Soledad, Esperanza; Anunciación, Encarnación, Visitación, y mil nombres de mujer. Todos
míos, María
de los mil nombres, que en cada mujer, y en cada hombre, que escucha y actúa su Palabra,
me siento presente,
como el puente
que entrelaza las
dos Alianzas: la Antigua y la Nueva ,
ambas fruto de
un amor
infinito que siempre da
el primer paso, y llama sin obligar
a nada, y seduce sin herir
la libertad con que nos concibiera. Inmaculada Concepción, sí,
pero fue su bondad más que mi mérito, sin que por
ello mi libertad se resintiera:
el SÍ fue mío, aquel
día y todos los siguientes.
Porque un sí
no es un instante, sino una vida entera. "Me sedujiste, Señor, y me
dejé seducir" (Jer
20, 7).
Y hoy, como
entonces, como
en aquella boda, me
siento llamada a empujarle a actuar, a suplicarle, a
ser la intermediaria. Auxiliadora me siento, voz
del pobre, del que
sufre,
de todo aquél que se
ha quedado
sin vino, que ha perdido la alegría
de la vida. Siento que mi misión no acaba con su muerte, sino
que se multiplica.
................................
Ya amanece. Y hoy
sé que VIVE.
No me hace falta que vengan a decirlo las mujeres,
no necesito ir a comprobar
que el
sepulcro está vacío,
hasta puedo
prescindir
de que se me aparezca. Me basta comprobar que ya es de día: la Luz ha vencido
a las Tinieblas. El Sabath dio paso al primer día. Sí, hoy es el
primer día, el primero, el
de la creación ya recreada (vuelta a crear y,
al tiempo, deleitada en alegría nueva). Hoy es el día del
Señor, el
de su Gloria, el
de la
Pascua. Hoy sé
que vive;
por sí
mismo.
Y EN TODO AQUÉL QUE VIVE SU EVANGELIO.
De mi libro
"Cuarenta soles y cuarenta lunas".
Ediciones STJ.
Barcelona, 2006.
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