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jueves, 30 de mayo de 2019

JUEVES DE LA 6ª SEMANA DE PASCUA


La pastoral juvenil

202. La pastoral juvenil, tal como estábamos acostumbrados a llevarla adelante, ha sufrido el embate de los cambios sociales y culturales. Los jóvenes, en las estructuras habituales, muchas veces no encuentran respuestas a sus inquietudes, necesidades, problemáticas y heridas. La proliferación y crecimiento de asociaciones y movimientos con características predominantemente juveniles pueden ser interpretados como una acción del Espíritu que abre caminos nuevos. Se hace necesario, sin embargo, ahondar en la participación de estos en la pastoral de conjunto de la Iglesia, así como en una mayor comunión entre ellos en una mejor coordinación de la acción. Si bien no siempre es fácil abordar a los jóvenes, se está creciendo en dos aspectos: la conciencia de que es toda la comunidad la que los evangeliza y la urgencia de que ellos tengan un protagonismo mayor en las propuestas pastorales.

Una pastoral sinodal

203. Quiero destacar que los mismos jóvenes son agentes de la pastoral juvenil, acompañados y guiados, pero libres para encontrar caminos siempre nuevos con creatividad y audacia. Por consiguiente, estaría de más que me detuviera aquí a proponer alguna especie de manual de pastoral juvenil o una guía de pastoral práctica. Se trata más bien de poner en juego la astucia, el ingenio y el conocimiento que tienen los mismos jóvenes de la sensibilidad, el lenguaje y las problemáticas de los demás jóvenes.

204. Ellos nos hacen ver la necesidad de asumir nuevos estilos y nuevas estrategias. […] La pastoral juvenil necesita adquirir otra flexibilidad, y convocar a los jóvenes a eventos, a acontecimientos que cada tanto les ofrezcan un lugar donde no sólo reciban una formación, sino que también les permitan compartir la vida, celebrar, cantar, escuchar testimonios reales y experimentar el encuentro comunitario con el Dios vivo.

205. Por otra parte, sería muy deseable recoger todavía más las buenas prácticas: aquellas metodologías, aquellos lenguajes, aquellas motivaciones que han sido realmente atractivas para acercar a los jóvenes a Cristo y a la Iglesia. […]

206. La pastoral juvenil sólo puede ser sinodal, es decir, conformando un “caminar juntos” que implica una «valorización de los carismas que el Espíritu concede según la vocación y el rol de cada uno de los miembros [de la Iglesia], mediante un dinamismo de corresponsabilidad […]. Animados por este espíritu, podremos encaminarnos hacia una Iglesia participativa y corresponsable, capaz de valorizar la riqueza de la variedad que la compone, que acoja con gratitud el aporte de los fieles laicos, incluyendo a jóvenes y mujeres, la contribución de la vida consagrada masculina y femenina, la de los grupos, asociaciones y movimientos. No hay que excluir a nadie, ni dejar que nadie se autoexcluya».

207. De este modo, aprendiendo unos de otros, podremos reflejar mejor ese poliedro maravilloso que debe ser la Iglesia de Jesucristo. Ella puede atraer a los jóvenes precisamente porque no es una unidad monolítica, sino un entramado de dones variados que el Espíritu derrama incesantemente en ella, haciéndola siempre nueva a pesar de sus miserias.


(Papa Francisco. Christus vivit. La negrita es mía).

lunes, 24 de diciembre de 2018

24 DE DICIEMBRE


DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (1,67-79):

En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, se llenó de Espíritu Santo y profetizó diciendo:

«Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la “misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza”
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán
para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos por el camino de la paz».


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Ha llegado el invierno, el solsticio hiemal, la noche más larga y el día más corto. Pero, a partir de este momento, el día comenzará a crecer, el sol irá ganando terreno a la obscuridad, avanzaremos así hasta el calor del verano.

Jesús es el Sol que nace de lo alto, no del Este; el Sol que no conoce ocaso, no se pone por el Oeste. Es el mediodía eterno que, con su luz y su calor, permite la vida, la hace posible. Hasta la tiniebla más oculta queda iluminada, restañada con su luz y su calor que se derrama por todas partes.

Ponte al Sol, déjate invadir por su luz y su calor, curará tus heridas, las secará, iluminará tus rincones más oscuros. Su luz alumbrará tu camino de regreso, su calor será calor de hogar. Vuelve a casa, que es Navidad. Vuelve a Dios.




domingo, 23 de diciembre de 2018

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO - Ciclo C


DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (1, 39-45)
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
—«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».

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La salvación ya está aquí, ha venido a visitarnos. La luz, la alegría, la vida…

¿Estoy entre los que lo creen, entre los que saltan de alegría ante esta nueva presencia, entre los que confían en que lo que ha dicho el Señor se cumplirá?

¿O la Navidad me deja indiferente, no me transforma, se me queda en la epidermis de las luces, las fiestas, los regalos…?

La verdadera Navidad conmueve las entrañas, algo nos salta de alegría en el interior. La verdadera Navidad conmueve, alegra, cambia… Porque el Señor ha venido a visitarnos.



sábado, 22 de diciembre de 2018

22 DE DICIEMBRE


Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,46-56):

En aquel tiempo, María dijo:

«Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humildad de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».

María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa.

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La irrupción de Dios en la historia lo trastoca todo, sus valores no son nuestros valores, su lógica no es la nuestra. El Evangelio (y María es la primera en reconocerlo) lo trastoca todo: la soberbia es dispersada, la humildad enaltecida; los ricos vaciados y los pobres saciados.

Esta realidad del Reino que Jesús anuncia todavía no es plena realidad entre nosotros. Construir el Reino es trabajar porque esto se haga realidad.

¿Y yo, de qué lado estoy? ¿Sigo los valores del mundo o los del Evangelio? ¿Estoy del lado de los pobres o del de los ricos, de la soberbia o de la humildad?

Sólo cuando me vacíe me sentiré colmado: cuando trabaje por hacer realidad ya hoy y aquí el Reino prometido.



viernes, 21 de diciembre de 2018

21 DE DICIEMBRE


Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,39-45):

En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y, levantando la voz exclamó:

«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada tú has creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

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La salvación se expande. Cuando María recibe del ángel el mensaje de salvación, se pone en camino. Es un don tan grande que uno no se lo puede reservar para sí mismo.

El encuentro entre María e Isabel es más que un encuentro físico, es la sintonía entre dos mujeres que han recibido la gracia de la maternidad cuando no la esperaban. Dos mujeres que han visto su vida transformada en promesa de vida y esperanza. La gracia que han recibido cambia sus vidas y entran en sintonía íntima, tan íntima que “saltó la criatura en su vientre”.

¿Qué me pasa a mí, que la gracia no me cambia? ¿Qué me sucede, que no me pongo en camino, que no salgo a anunciar el don que he recibido? Quizá es que mi fe flaquea, que no experimento la bendición de haber creído.

Señor, auméntame la fe; que tu Palabra anide en mi interior como promesa de vida y esperanza que me transforma y cambia.



jueves, 20 de diciembre de 2018

20 DE DICIEMBRE


Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:

-«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:

-«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»

Y María dijo al ángel:

-«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó:

-«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»

María contestó:

-«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

Y la dejó el ángel.

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La fe es, sobre todo, fiarse. La fe es confiar.

El catecismo de nuestra infancia preguntaba: “¿Qué es la fe?” Y la respuesta era: “Creer lo que no se ve”. De este modo, interpretábamos la fe como la adhesión a unas verdades indemostrables que no debíamos cuestionar. La maternidad virginal de María era una de ellas.

Corríamos el riesgo, entonces, de olvidar algo esencial: la fe como confianza. De este modo, María se nos presenta como un ser humano extraordinario no tanto por su maternidad virginal, cuanto por su confianza en Dios. Lo que aprendemos de María en esta página del Evangelio es su plena confianza en Dios de quien se fía. “Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”.

La fe es, sobre todo, fiarse de quien sabemos que nos ama.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

19 DE DICIEMBRE


Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 5-25

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón llamada Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. 

Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según el ritual de los sacerdotes, le tocó a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor.

Pero el ángel le dijo:

—No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto.

Zacarías replicó al ángel:

—¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada.

El ángel le contestó:

—Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado a hablarte para darte esta buena noticia. Pero mira te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento.

El pueblo estaba aguardando a Zacarías, sorprendido de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo.

Al cumplirse los días de su servicio en el templo volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir cinco meses, diciendo:

—Así me ha tratado el Señor cuando se ha dignado quitar mi afrenta ante los hombres. 

Recuerdo que era niño cuando protesté a un sacerdote: Dios no es justo, Zacarías le hace al ángel la misma pregunta que María: ¿Cómo será eso? A Zacarías lo deja mudo, a María no. El sacerdote me aclaró que lo importante no es la pregunta, sino la actitud desde la que se hace: Zacarías duda de la palabra del ángel, mientras que María pone su confianza en el Señor.

A lo largo de nuestra vida nos encontramos con ángeles sin saberlo, mensajeros de Dios que nos anuncian buenas noticias y a los que, a menudo, no creemos. Señor, que yo acepte en mi vida tu Palabra, que se haga vida en mi interior, como se hizo en María. Que viva desde la certeza de que para ti nada hay imposible.



martes, 18 de diciembre de 2018

18 DE DICIEMBRE


Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 18-24

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

—José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la  criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»

Cuando José se despertó, hizo lo que le habla mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer. 

Imagino a José un hombre bueno, en una época como la nuestra en la que la bondad no está de moda, incluso está desprestigiada. Muchos dirán de él que fue un tonto o un calzonazos (por no reproducir palabras peores). Yo imagino la lucha en la conciencia de ese hombre “que era justo y no quería denunciarla” porque sabía cuál era la condena para ese delito. Es entonces cuando, apiadándose de esa lucha, Dios interviene para revelarle la verdad.

Gracias, José, por tu integridad. Gracias porque, incluso cuando temes lo peor, decides optar por la vida, la del niño y la de María. Gracias por acoger ambas vidas en tu casa. Gracias porque, en la hermosa historia de la Navidad, aceptaste este importante papel secundario. Y en cualquier historia (novela, teatro, cine…) los secundarios son necesarios e imprescindibles para que puedan brillar los protagonistas.

Haz que siempre practique la justicia sin acaparar protagonismo.

lunes, 17 de diciembre de 2018

17 DE DICIEMBRE


Lectura del santo evangelio según san Mateo (1,1-17)

Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham:
Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y  a sus hermanos, Judá engrendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engrendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David.

David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia.

Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliakim, Eliakim engendró a Azor, Azor engendró a Sadoq, Sadoq engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Mattán, Mattán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo.

Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

En Jesucristo, Dios entra de pleno en la historia humana y lo hace con todas las consecuencias: la encarnación (del pesebre a la cruz) no será una broma ni un juego a medias. Jesús es plenamente humano y comparte todas nuestras miserias. La genealogía que leemos hoy no es un dechado de virtudes. Baste recordar que David engendra a Salomón de la mujer de Urías, al que hace poner en primera línea en la batalla para que perezca.


Jesucristo, a quien la fe confiesa igual a nosotros en todo excepto en el pecado, asume no obstante nuestra condición pecadora porque “en la cruz cargó sobre su cuerpo nuestros pecados” (1 Pe 2, 24) La encarnación es el compromiso de Dios con una humanidad a la que ama sin medida, a pesar de toda la historia de nuestro desamor.

domingo, 16 de diciembre de 2018

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO. Ciclo C.


Lectura del santo evangelio según san Lucas 3, 10-18
En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:
— ¿Entonces, qué hacemos?
Él contestó:
—El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:
—Maestro, ¿qué hacemos nosotros?
Él les contestó:
—No exijáis más de lo establecido.
Unos militares le preguntaron:
— ¿Qué hacemos nosotros?
Él les contestó:
—No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.
El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:
—Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizara con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.
Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.

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El tercer domingo de Adviento es conocido como “Gaudete”, que en latín quiere decir “Alegraos”. La primera y la segunda lectura de hoy nos invitan a vivir en la alegría: el Señor está cerca.

Y, en el Evangelio, Juan Bautista, que vivía esa cercanía, nos propone claras pautas de conducta: compartir, practicar la justicia: no exigir de más, no extorsionar ni aprovecharse de nadie, contentarnos con lo que nos corresponde…

En el fondo todo se resume en una misma actitud: la de reconocer en los hermanos que nos rodean al Dios que se hace hombre en Belén. Sólo así prepararemos auténticamente su venida. Esa actitud es la fuente de la verdadera alegría porque es la que acoge a Dios en nuestra propia vida reconociéndolo en la vida del hermano.

sábado, 15 de diciembre de 2018

SÁBADO DE LA SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO


Lectura del santo evangelio según san Mateo 17,10-13

Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús:

—«¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?» 

Él les contestó: 

-«Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.» 

Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan, el Bautista. 


Jesús acaba de transfigurarse delante de ellos y, sin embargo, los discípulos no entienden nada. No entienden la paciencia de Dios que continuamente envió mensajeros hasta enviar al Hijo. No entienden ni aceptan que ese Hijo también va a padecer.

El misterio de la encarnación de Jesucristo, el que va del pesebre a la cruz, significó asumir nuestra humanidad plenamente, aceptar el dolor y la injusticia. La suerte del Hijo no podía ser mejor que la de los mensajeros que vinieron antes. Jesús lo sabe y lo asume. Ése es el misterio de la Navidad y el de la Pascua.

¿Cómo pretendo yo, Señor, otro camino? ¿Cómo es que no asumo tu mismo destino?

viernes, 14 de diciembre de 2018

VIERNES DE LA SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO


Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 16-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

—«¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: "Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado." Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Tiene un demonio". Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores." Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.» 

Los planes de Dios no son los nuestros. Él escoge cómo manifestarse y hay que estar atentos para acogerlo, para escucharlo. Cuando lo rechazamos, queremos hacerle a él responsable: Si Dios existiera, no habría tanta injusticia, dicen algunos. Si Dios me amara, no me ocurriría esto en la vida. Si hubiera Dios, no sería todo tan complicado…

Al final se trata de querer o no querer entrar en la dinámica de Dios, de aceptarlo en nuestra vida, de no quererlo hacer a nuestro modo, sino aceptar su modo de hacerlo.

Señor, ayúdame a aceptarte incondicionalmente en mi corazón y en mi vida; sólo así descubriré que los hechos dan la razón a tu sabiduría.

jueves, 13 de diciembre de 2018

JUEVES DE LA SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO


«Dijo Jesús a la gente:

—Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente violenta quiere arrebatárselo. Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos que escuche.» 

(Mateo 11, 11-15)


Abre mis oídos, Señor, para que escuche. Abre mi corazón para que quiera admitirlo. Que la violencia contra el Reino no me arrastre; que no sea yo nunca quien ejerce esa violencia.

Abre mis oídos, Señor, para que te escuche. Abre mi corazón para que quiera admitirte. Que reines en mi vida y que yo sea tu colaborador en la construcción del reino sin dejarme vencer por las dificultades.

¡Venga a nosotros tu Reino, Señor!

miércoles, 12 de diciembre de 2018

MIÉRCOLES DE LA SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO


«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»

(Mateo 11,28-30)

Hay veces que la vida cansa, Señor. Probablemente, lo sabes bien, porque fuiste en todo igual a nosotros, excepto en el pecado. Gracias por ser descanso en horas de fatiga. Manifiéstate cercano a quienes sufren el cansancio vital, la depresión, la falta de ganas de seguir viviendo…

Y en cuanto a mí, Señor, no dejes que nunca viva tu seguimiento como una carga: todo es ligero cuando siento tu amor caldear mi corazón.

martes, 11 de diciembre de 2018

MARTES DE LA SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO


Dijo Jesús a sus discípulos:

«¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.

Del mismo modo, vuestro Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños».

(Mateo 18, 12-14)


Cuántas veces, Señor, soy la oveja perdida. Y tú vienes en mi búsqueda. Y tu amor no impide que más adelante vuelva a perderme. Pero tu amor es fielmente incansable y vuelves a buscarme.

¿Cómo es que yo no sé hacer lo mismo con el hermano? ¿Cómo es que no salgo, en tu nombre, a buscar al perdido? ¿Cómo es que no doy nuevas oportunidades al otro? ¿Cómo que no me alegro de reencontrar al que se perdió?

Dame tus sentimientos, Señor, para que sepa otorgar al hermano lo que yo ansío recibir de ti.

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